¡No teman! Por desperfectos técnicos hemos frenado un poco, pero en horas nomás volvemos con esta tómbola loca del amor llamada No Somos Nada.
Mientras tanto, para calmar los ánimos ansiosos, un refrito que se publicó en abril de 2007 (estuve leyendo cosas de ese mes y fueron posts muy buenos), pero rescato un video que no es de mi autoría, pero habla muy bien de mí (y mis proezas en Santa Lucía), y lo pasamos de vuelta porque me da impresión escuchar mi apellido tantas veces en 3 minutos.
Para verlo, sólo hay que apretar...acá
martes, noviembre 03, 2009
miércoles, octubre 28, 2009
LA LEGIÓN DE LOS HOMBRES QUE CORREN
"La Clave de la Biblioteca"
En una de las páginas incompletas del diario de Virginia Dupont encontré una pista clave: “Varios datos y testimonios de Los Hombres que Corren se encuentran en la Biblioteca del Ministerio de Educación. Quizás parecen pelear solos, pero la causa es noble. Allí está la verdad”.
Confieso que cada pista, cada hoja del diario que llega hasta mí, me genera desconfianza. Al fin y al cabo aún no sé si las copias son exactas, apócrifas o inventos; pero admito, también, que no puedo dejar de seguir esas pistas.
Llegué a la Biblioteca con los supuestos originales y copias del diario y allí trabajé varias horas intentando darle un orden a todo lo que está escrito. Las fechas son confusas (algunas dicen 1975, otras 1998), pero también he logrado reconstruir párrafos que coinciden entre todas esas infidencias. Es un trabajo muy difícil. Por ejemplo: una página fechada el 30 de noviembre de 1986 dice “La historia de Los Hombres que Corren es una metáfora del mundo de las ideas de Platón”. Otra hoja, con la misma fecha dice “ (...) Creo que el mundo es un lugar mejor desde que sé que la Legión de Los Hombres que Corren asisten a todo aquel que lo necesite”. Insisto: es un trabajo muy arduo llegar a la verdad.
Luego de pasar en limpio algunos párrafos que sí coinciden (a veces creo que yo también invento un nuevo diario, igual como han hecho otros), decidí buscar el supuesto documento que esclarece la existencia de Los Hombres que Corren.
“Quizás parecen pelear solos, pero la causa es noble” escribió supuestamente Virginia. Recorrí los estantes buscando (o esperando por arte de magia) una señal. Me di cuenta de que el secreto estaba en El Quijote. Revisé todas las ediciones y al fin encontré, en una copia muy maltrecha, doblados, los papeles que buscaba. Me felicité por haber adivinado la pista y volví a mi escritorio a revisar esos papeles uno por uno. Al principio fue esperanzador –quizás por el entusiasmo de encontrar la clave- pero también porque todo lo que estaba escrito en esas hojas del diario parecían datos coherentes, sin tantas contradicciones, casi verosímiles; incluso llegué a pensar que podrían ser originales y no copias.
Allí había nombres, intervenciones relatadas con lujo de detalles y, lo más importante, datos muy concretos sobre Gustavo Dugan. En un párrafo dice “Gustavo siente que la tarea es infructuosa. Está muy desanimado. Estoy segura, si esto sigue así, de que Los Hombres que Corren pronto desaparecerán, o al menos Gustavo ya no será uno de ellos”. ¿Por qué Dugan abandonaría a La Legión? ¿Por qué advirtió que la tarea era infructuosa tan tarde, cuando desde el comienzo se evidenciaba como algo imposible?
Decidí volver a casa y unir datos para, de una vez, encontrarme con Dugan, o al menos con alguno de sus amigos (no guardo ninguna esperanza de conocer a Dupont...confieso que a esta altura de la investigación, si Virginia no llegara a existir, me dolería muchísimo).
Tenía que llevarme esas hojas, pero entendí que no me pertenecían, que no soy dueño de la historia de Los Hombres que Corren, ni de la vida de Dugan, y mucho menos de la intimidad de Virginia Dupont. Elegí la solución más conveniente: fotocopiar las nuevas páginas del diario y dejar los originales en el mismo libro donde estaban escondidos.
Mientras esperaba las copias, ordenando mis papeles, noté que el empleado de la Biblioteca encargado de las fotocopias me miraba con sorna.
- ¿Cuánto le debo?- pregunté.
- Dos pesos.
Mientras le pagaba, el hombre dijo:
- ¿Usted también está con eso de los que corren?- La pregunta me desconcertó. – Todos los años vienen a buscar esas cosas...se ve que hay varias hojas aquí aparte de las que usted encontró.
- ¿Y dónde están?
- ¡Vaya a saber! Yo sólo saco copias, pero hágame caso, usted está perdiendo dos pesos y el tiempo.
- ¿Por qué?- pregunté ya por reflejo.
- Porque esa chica del diario no existe.
No supe cómo replicar. ¿Por qué ese hombre conocía la historia? Y peor, ¿por qué afirmaba que Virginia no existe? No pude más que preguntar con desconfianza:
- ¿Cómo lo sabe?
- Me lo dijo un tal Dugan.
Quedé paralizado. Por primera vez alguien admitía haber conocido a Gustavo Dugan y esa persona estaba frente a mí. Aquí podría empezar a dilucidarse el misterio.
- ¿Usted conoce a Dugan?
- Solía venir. Pero discúlpeme, tengo que guardar unos archivos- dijo y desapareció por un pasillo.
No sabía si creerle o no. Quizás era un truco de Dugan para no revelar el secreto de La Legión de los Hombres que Corren; pero si fuera así, él mismo hubiera destruido las pistas guardadas en la Biblioteca. O quizás fueron sembradas por él mismo. O tal vez uno de los de los falsificadores se había hecho pasar por Dugan para seguir difundiendo pistas falsas.
Lo único cierto es que una clave empezaba a aparecer, sólo había que seguir las señales; pero como sabemos, las señales pueden ser perfectas trampas. O mejor dicho: toda señal mal interpretada puede ser fatal.
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La Legión de Los Hombres que Corren
miércoles, octubre 07, 2009
ESA COSA LLAMADA PATRIA
Cualquiera que tenga más de veinte años no tendrá que hacer mucho esfuerzo para recordar haber escuchado alguna vez el inicio de la frase “en este país lo que hace falta...” seguida de cualquier cosa, desde “hace falta un dictador” a un “deberían gobernar extraterrestres”. Depende la ideología de cada uno, la variación puede ser notable, pero en el fondo parece no haber diferencia en la conclusión. Lo que esconden las opiniones es un deseo de la vuelta del pasado. No importa cuál pasado, sólo el pasado. Sin embargo, la frase “en este país hace falta...” existe desde siempre. Parece que antes que país hubo pasado. Tal vez nadie haya visto tiempos mejores, pero muchos creen recordarlo.
La pregunta es: ¿cuál es la discusión?
La respuesta más evidente debería ser qué clase de país queremos. Pero la discusión se esconde en opiniones sofistas, mal llevadas, sin criterio, sin análisis.
Al dar una opinión se deja ver qué clase de país queremos.
Hágase el siguiente experimento: siéntese el lector en un bar con gente, incluso desconocida, y deslice muy suavemente una opinión favorable sobre alguna decisión gubernamental; cualquiera, la que usted elija. Notará el lector que muy pronto tendrá mucha gente en contra, incluso descalificándolo, no sólo en sus argumentos, si no como persona. No hay forma de discutir qué clase de país se quiere sin opiniones, allí parecen estar los argumentos.
Entonces viene una segunda pregunta: ¿queremos un país? Y algo peor: ¿Nos interesa tener una República?
Cuando alguien dice “Yo no creo en los políticos” está diciendo, de un modo muy sencillo “que cada uno haga lo que quiera”. Esa forma de pensamiento es como mínimo, peligrosa.
Pongamos un ejemplo: si usted dice “estoy de acuerdo con la intervención del Estado en las empresas, con una regulación justa”, alguien (nunca falta un comedido) le dirá “el Estado es ladrón”. “El Estado es ladrón” significa “estoy de acuerdo con el neoliberalismo”.
¿El Estado es más ladrón que una empresa sin reglas ni regulaciones? Quizás a muchos les gusta que les roben personas de dinero, con cierta elegancia para el maltrato, con el miedo que genera el poder. Para algunos es mucho más digno ser robado por un empresario que por un político. El argentino promedio le teme al empresario, agacha la cabeza, lo deja robar, porque en el fondo anhela ser ,también, un día ese hombre indigno. El argentino promedio repite lo que escucha en los medios aun cuando las opiniones mediáticas no tienen ningún fundamento claro, pero prefiere seguir la opinión de un periodista que tiene cara de serio, que a lo sumo trabaja para jefes invisibles (también empresarios como los que desea ser), antes que seguir la opinión de alguien que se ha tomado el trabajo, por ejemplo, de estudiar, de reflexionar, de unir conocimientos, de elaborar ideas.
Vamos más lejos: diga usted en público “la nacionalización de la transmisión de los partidos de fútbol me parece correcta”. Alguien contestará “¿por qué no usan esa plata para otra cosa?”. Por más que usted argumente que ese dinero se recuperará con creces en un año, y que será dinero del Estado, le explicarán que hay prioridades, antes que el fútbol (eso sí, el Boca-River, no se lo van a perder, aun cuando estén en total desacuerdo con esa medida). Aquí caben dos conclusiones y una trampa.
Empecemos por la trampa. Deberemos utilizar una mentira piadosa: diga que en Brasil también se tomó esta medida del fútbol. Notará usted que en seguida le dirán “Brasil es otra cosa, allá se planifica”.
Primera conclusión: si ésta, o cualquier otra medida, se implementara en Brasil o en cualquier país tomado como “país serio”, sería una medida de planificación hacia el futuro. Si se hace en Argentina es un mamarracho comunista, que excede todos los límites, sin reglas que asustan a los inversores extranjeros, que vienen a poner tan generosamente su dinero. ¿No es notable la diferencia? Parece que en Brasil la corrupción no es ostensible, y aunque lo fuera (que lo es, y mucho), allí piensan las cosas, no como aquí que no se respetan los contratos, y les sacan a los pobres empresarios, víctimas de los gobernantes, su pobre derecho de transmitir un miserable e inocente partido de fútbol. Se rumorea que algunos han llegado a ver a empresarios, dueños de medios, compungidos, secándose las lágrimas con un billete de diez pesos (ya no son tiempos de derroche, antes podían hacerlo con un billete de cien).
Segunda conclusión: si ante cada cosa que se hace, se pone el hambre adelante (“con esa plata que hagan otra cosa”), estaríamos impedidos de tomar cualquier medida. Sencillamente no podría hacerse nada.
Lo más curioso es que mucha gente que usa este argumento del hambre, ve con malos ojos los comedores subvencionados por el Estado (“que generen trabajo” dicen; algo muy difícil si no hay arcas en el Estado que se logran, oh casualidad, con inversiones como por ejemplo, la televisación del fútbol).
Insisto: ¿Qué país queremos? ¿Queremos ser España que últimamente maltrata a los argentinos casi con perversión? ¿Queremos ser la izquierda inteligente y con secretas aspiraciones burguesas? ¿Queremos ser un país agro exportador para siempre? ¿Queremos represión de la derecha decadente y golpista? ¿Queremos un país de izquierda y derecha pero de ambas facciones pensantes e inteligentes? ¿Queremos al Estado o a las empresas? Decidamos de una vez, y dejemos la mentira de lado.
Vemos con insistencia que la gente que se va del país, despotrica contra la Patria. Dicen que el país los echó. Eso es válido en época de dictadura, pero no tenemos derecho, en democracia, a jactarnos de tal cosa. E incluso en dictadura, parafraseando a Luis Brandoni en Made in Argentina “a nosotros nos echaron un grupo de facinerosos, no el país”.
El que se va y critica, cree que él es el país. Que su conducta individual, para él heroica, salvará el destino de la Patria. Noten la diferencia: el General José de San Martín, máximo prócer de la Historia Argentina, Generalísimo de la República del Perú y fundador de su libertad, Capitán General de la de Chile, y Brigadier General de la Confederación Argentina , murió en el exilio lamentando no haber podido volver a nuestra tierra. Rivadavia, en cambio, pidió no ser enterrado en el país. Claras diferencias.
Un aspecto más de San Martín: él estaba en contra de Rosas, pero gracias a la defensa contra los ingleses, San Martín lega en su testamento: “El sable que me ha acompañado en toda la Guerra de la Independencia de la América del Sud, le será entregado al General de la República Argentina Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción, que como Argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los Extranjeros que tratan de humillarla”.
Luego en el cuarto punto del testamento pide que su corazón sea depositado en Buenos Aires.
Patriotismo que excede las diferencias. El bien común.
Años después, argentinos en todo el mundo despotrican contra el país, argentinos en Argentina también despotrican contra el país, y hasta puede escucharse “si lo ingleses hubieran logrado la invasión estaríamos mejor”.
Vuelven las preguntas iniciales:
¿Qué país queremos?
¿Queremos un país?
Antonio Carrizo una vez definió a la Patria como el lugar en donde enterramos a nuestros seres queridos.
En todo el individualismo, el egoísmo que puede inferirse en las opiniones, la Patria se hace borrosa, y en ese egoísmo parece advertirse que la Patria se va convirtiendo en uno y sus penas; uno y sus anhelos y frustraciones. Parece que el país no es un bien común, si no la percepción de cada uno y sus intereses.
Ojalá me equivoque y el país sea mucho más que un mínimo grupo de individualidades.
La pregunta es: ¿cuál es la discusión?
La respuesta más evidente debería ser qué clase de país queremos. Pero la discusión se esconde en opiniones sofistas, mal llevadas, sin criterio, sin análisis.
Al dar una opinión se deja ver qué clase de país queremos.
Hágase el siguiente experimento: siéntese el lector en un bar con gente, incluso desconocida, y deslice muy suavemente una opinión favorable sobre alguna decisión gubernamental; cualquiera, la que usted elija. Notará el lector que muy pronto tendrá mucha gente en contra, incluso descalificándolo, no sólo en sus argumentos, si no como persona. No hay forma de discutir qué clase de país se quiere sin opiniones, allí parecen estar los argumentos.
Entonces viene una segunda pregunta: ¿queremos un país? Y algo peor: ¿Nos interesa tener una República?
Cuando alguien dice “Yo no creo en los políticos” está diciendo, de un modo muy sencillo “que cada uno haga lo que quiera”. Esa forma de pensamiento es como mínimo, peligrosa.
Pongamos un ejemplo: si usted dice “estoy de acuerdo con la intervención del Estado en las empresas, con una regulación justa”, alguien (nunca falta un comedido) le dirá “el Estado es ladrón”. “El Estado es ladrón” significa “estoy de acuerdo con el neoliberalismo”.
¿El Estado es más ladrón que una empresa sin reglas ni regulaciones? Quizás a muchos les gusta que les roben personas de dinero, con cierta elegancia para el maltrato, con el miedo que genera el poder. Para algunos es mucho más digno ser robado por un empresario que por un político. El argentino promedio le teme al empresario, agacha la cabeza, lo deja robar, porque en el fondo anhela ser ,también, un día ese hombre indigno. El argentino promedio repite lo que escucha en los medios aun cuando las opiniones mediáticas no tienen ningún fundamento claro, pero prefiere seguir la opinión de un periodista que tiene cara de serio, que a lo sumo trabaja para jefes invisibles (también empresarios como los que desea ser), antes que seguir la opinión de alguien que se ha tomado el trabajo, por ejemplo, de estudiar, de reflexionar, de unir conocimientos, de elaborar ideas.
Vamos más lejos: diga usted en público “la nacionalización de la transmisión de los partidos de fútbol me parece correcta”. Alguien contestará “¿por qué no usan esa plata para otra cosa?”. Por más que usted argumente que ese dinero se recuperará con creces en un año, y que será dinero del Estado, le explicarán que hay prioridades, antes que el fútbol (eso sí, el Boca-River, no se lo van a perder, aun cuando estén en total desacuerdo con esa medida). Aquí caben dos conclusiones y una trampa.
Empecemos por la trampa. Deberemos utilizar una mentira piadosa: diga que en Brasil también se tomó esta medida del fútbol. Notará usted que en seguida le dirán “Brasil es otra cosa, allá se planifica”.
Primera conclusión: si ésta, o cualquier otra medida, se implementara en Brasil o en cualquier país tomado como “país serio”, sería una medida de planificación hacia el futuro. Si se hace en Argentina es un mamarracho comunista, que excede todos los límites, sin reglas que asustan a los inversores extranjeros, que vienen a poner tan generosamente su dinero. ¿No es notable la diferencia? Parece que en Brasil la corrupción no es ostensible, y aunque lo fuera (que lo es, y mucho), allí piensan las cosas, no como aquí que no se respetan los contratos, y les sacan a los pobres empresarios, víctimas de los gobernantes, su pobre derecho de transmitir un miserable e inocente partido de fútbol. Se rumorea que algunos han llegado a ver a empresarios, dueños de medios, compungidos, secándose las lágrimas con un billete de diez pesos (ya no son tiempos de derroche, antes podían hacerlo con un billete de cien).
Segunda conclusión: si ante cada cosa que se hace, se pone el hambre adelante (“con esa plata que hagan otra cosa”), estaríamos impedidos de tomar cualquier medida. Sencillamente no podría hacerse nada.
Lo más curioso es que mucha gente que usa este argumento del hambre, ve con malos ojos los comedores subvencionados por el Estado (“que generen trabajo” dicen; algo muy difícil si no hay arcas en el Estado que se logran, oh casualidad, con inversiones como por ejemplo, la televisación del fútbol).
Insisto: ¿Qué país queremos? ¿Queremos ser España que últimamente maltrata a los argentinos casi con perversión? ¿Queremos ser la izquierda inteligente y con secretas aspiraciones burguesas? ¿Queremos ser un país agro exportador para siempre? ¿Queremos represión de la derecha decadente y golpista? ¿Queremos un país de izquierda y derecha pero de ambas facciones pensantes e inteligentes? ¿Queremos al Estado o a las empresas? Decidamos de una vez, y dejemos la mentira de lado.
Vemos con insistencia que la gente que se va del país, despotrica contra la Patria. Dicen que el país los echó. Eso es válido en época de dictadura, pero no tenemos derecho, en democracia, a jactarnos de tal cosa. E incluso en dictadura, parafraseando a Luis Brandoni en Made in Argentina “a nosotros nos echaron un grupo de facinerosos, no el país”.
El que se va y critica, cree que él es el país. Que su conducta individual, para él heroica, salvará el destino de la Patria. Noten la diferencia: el General José de San Martín, máximo prócer de la Historia Argentina, Generalísimo de la República del Perú y fundador de su libertad, Capitán General de la de Chile, y Brigadier General de la Confederación Argentina , murió en el exilio lamentando no haber podido volver a nuestra tierra. Rivadavia, en cambio, pidió no ser enterrado en el país. Claras diferencias.
Un aspecto más de San Martín: él estaba en contra de Rosas, pero gracias a la defensa contra los ingleses, San Martín lega en su testamento: “El sable que me ha acompañado en toda la Guerra de la Independencia de la América del Sud, le será entregado al General de la República Argentina Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción, que como Argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los Extranjeros que tratan de humillarla”.
Luego en el cuarto punto del testamento pide que su corazón sea depositado en Buenos Aires.
Patriotismo que excede las diferencias. El bien común.
Años después, argentinos en todo el mundo despotrican contra el país, argentinos en Argentina también despotrican contra el país, y hasta puede escucharse “si lo ingleses hubieran logrado la invasión estaríamos mejor”.
Vuelven las preguntas iniciales:
¿Qué país queremos?
¿Queremos un país?
Antonio Carrizo una vez definió a la Patria como el lugar en donde enterramos a nuestros seres queridos.
En todo el individualismo, el egoísmo que puede inferirse en las opiniones, la Patria se hace borrosa, y en ese egoísmo parece advertirse que la Patria se va convirtiendo en uno y sus penas; uno y sus anhelos y frustraciones. Parece que el país no es un bien común, si no la percepción de cada uno y sus intereses.
Ojalá me equivoque y el país sea mucho más que un mínimo grupo de individualidades.
martes, septiembre 29, 2009
CARTA DEL AUTOR A LA VIAJANTE (2 EDICIÓN)
"Hace unas noches, conversaba con una amiga sobre lo confuso y parecido que es el amor y los milagros. A veces confundo ambas cosas. Entonces recordé un relato en forma de carta que se publicó aquí en 2007, y creo que, confundiendo los amores con las fisuras de la lógica, no está mal volver a publicarlo"
Estaba esperando que llegaras.
Supongo que Berlín debe ser tan linda como la describís. Ya miraré las fotos. No voy a mentirte, no quise verlas. No es falta de tiempo (¿te acordás cuándo mirábamos fotos perdiendo el tiempo tan bien?). Me cuesta aún hoy verte tan lejos.
Pasa tan rápido el tiempo, ya sabés, la termodinámica y esas cosas.
Aquí todo está igual que siempre.
La ciudad sigue calurosa y por lo demás...ni te preocupes.
Yo no he cambiado mucho. Todo lo que te escribí era mentira. A los ojos de otros sí he cambiado, pero yo me veo al espejo y veo al desconocido de siempre. Tengo los mismos berretines de siempre (mientras te escribo estoy tomando whisky), hablo igual que siempre (con palabras viejas, en desuso) y me conmueven las mismas cosas.
Ayer he comido con amigos, y no han tenido mejor idea que preguntar por vos. Hubieras visto mi cara; no esperaba esa pregunta. No supe qué contestar, así que dije la verdad, que paseabas por Viena sacando fotos y escribiendo como loca, que ahora estabas en esa convención en Alemania y volvías a Austria el miércoles. Demasiada información para alguien que no sabe nada de su ex mujer. Fui víctima de las burlas cotidianas.
Creo que no te conté un detalle sobre la obra que terminé de escribir. Aún no tiene título, pero tal vez se llame "Los Amores que Llegan" o algo así. Lo que no te conté es que hay un personaje que está inspirado en vos. Es, claro, "La Viajante", una chica que busca el cambio de forma constante.
Hoy veía de nuevo esa película de Woody Allen donde el director del estudio cinematográfico le pregunta a su mujer si se había enamorado otra vez del ex marido y ella contesta "creo que nunca dejé de amarlo".
Ahora que estás lejos puedo confesarte que íntimamente guardo ese anhelo. Que de forma desesperada estoy esperando que digas eso sobre mí. Por supuesto que he renunciado a esa ilusión de manera conciente. La realidad es fuerte e implacable. Ya no estás aquí (y hablo de mí y mi amor como una zona geográfica). Pero ya me conocés: soy un esperador profesional, un buscador de las fisuras en la lógica. Siempre en vano, claro, pero, ¿quién sabe? Sabemos bien vos y yo, que un milagro es que yo tire ahora mi vaso y en vez de caer al suelo se vaya hacia el techo. Y yo estoy aquí pensando en vos, esperando ese milagro con tu amor. Que me quieras de nuevo es tan imposible como romper la ley de gravedad. Pero espero. Por más que me aterre el hecho de que no vuelvas jamás, tanto como que vuelvas; por más que no haga nada por seducirte, por más que mienta, por más que diga la verdad, espero inútilmente, pero esa ilusión me resguarda de la desidia.
Ya no escribo poemas de amor. La fría recepción de la pequeña tirada que hicimos en Rosario del librito de poemas me ha convencido del todo de no escribir por ahora esas cosas. Mi editor (“el bobo de Rosas” lo apodé. Se parece a Rosas) quiere que le entregue una novela que estoy terminando; se llama "Los amantes del Louvre". Es una comedia sobre un guardia de seguridad y una chica de mantenimiento del museo que se convierten en amantes y cada vez que expresan su amor en la madrugada, rompen un cuadro, alguna obra, y se ven obligados a suplantarlas, primero por restauraciones y luego por falsificaciones que terminan siendo tan buenas como las originales, sin sacar ningún rédito económico, si no sólo por mantener su amor.
Te cuento esto para distraerme, pero es imposible...miro el vaso y estoy tentado de tirarlo. Sé que va a caer al piso... ¿pero si se fuera hacia el techo?
Todo es inútil. Presiento que no hay forma de olvidar, quisiera, pero no puedo. Uno ha tenido un gran amor y algunos amoríos. Creo, lamentablemente para mí, que ese amor has sido vos...y aún hoy, tal vez, esa idea persista. Reflexiono y me reprocho no haber hecho las cosas bien...nunca he sido un hombre completo, sólo un niño caprichoso y ahora pago el precio.
Te dejo, mi bien, en la distante Europa, envidiando las manos que te abrazan, deseando ser yo, aunque sea una vez, el destinatario de ese pensamiento de extrañar y de amor.
Yo seguiré aquí, tomando whisky, fumando, escuchando "My way" y esperando que el milagro suceda y que por algún error la ley de gravedad, por una sola vez en nuestras vidas, deje de ser ley.
Estaba esperando que llegaras.
Supongo que Berlín debe ser tan linda como la describís. Ya miraré las fotos. No voy a mentirte, no quise verlas. No es falta de tiempo (¿te acordás cuándo mirábamos fotos perdiendo el tiempo tan bien?). Me cuesta aún hoy verte tan lejos.
Pasa tan rápido el tiempo, ya sabés, la termodinámica y esas cosas.
Aquí todo está igual que siempre.
La ciudad sigue calurosa y por lo demás...ni te preocupes.
Yo no he cambiado mucho. Todo lo que te escribí era mentira. A los ojos de otros sí he cambiado, pero yo me veo al espejo y veo al desconocido de siempre. Tengo los mismos berretines de siempre (mientras te escribo estoy tomando whisky), hablo igual que siempre (con palabras viejas, en desuso) y me conmueven las mismas cosas.
Ayer he comido con amigos, y no han tenido mejor idea que preguntar por vos. Hubieras visto mi cara; no esperaba esa pregunta. No supe qué contestar, así que dije la verdad, que paseabas por Viena sacando fotos y escribiendo como loca, que ahora estabas en esa convención en Alemania y volvías a Austria el miércoles. Demasiada información para alguien que no sabe nada de su ex mujer. Fui víctima de las burlas cotidianas.
Creo que no te conté un detalle sobre la obra que terminé de escribir. Aún no tiene título, pero tal vez se llame "Los Amores que Llegan" o algo así. Lo que no te conté es que hay un personaje que está inspirado en vos. Es, claro, "La Viajante", una chica que busca el cambio de forma constante.
Hoy veía de nuevo esa película de Woody Allen donde el director del estudio cinematográfico le pregunta a su mujer si se había enamorado otra vez del ex marido y ella contesta "creo que nunca dejé de amarlo".
Ahora que estás lejos puedo confesarte que íntimamente guardo ese anhelo. Que de forma desesperada estoy esperando que digas eso sobre mí. Por supuesto que he renunciado a esa ilusión de manera conciente. La realidad es fuerte e implacable. Ya no estás aquí (y hablo de mí y mi amor como una zona geográfica). Pero ya me conocés: soy un esperador profesional, un buscador de las fisuras en la lógica. Siempre en vano, claro, pero, ¿quién sabe? Sabemos bien vos y yo, que un milagro es que yo tire ahora mi vaso y en vez de caer al suelo se vaya hacia el techo. Y yo estoy aquí pensando en vos, esperando ese milagro con tu amor. Que me quieras de nuevo es tan imposible como romper la ley de gravedad. Pero espero. Por más que me aterre el hecho de que no vuelvas jamás, tanto como que vuelvas; por más que no haga nada por seducirte, por más que mienta, por más que diga la verdad, espero inútilmente, pero esa ilusión me resguarda de la desidia.
Ya no escribo poemas de amor. La fría recepción de la pequeña tirada que hicimos en Rosario del librito de poemas me ha convencido del todo de no escribir por ahora esas cosas. Mi editor (“el bobo de Rosas” lo apodé. Se parece a Rosas) quiere que le entregue una novela que estoy terminando; se llama "Los amantes del Louvre". Es una comedia sobre un guardia de seguridad y una chica de mantenimiento del museo que se convierten en amantes y cada vez que expresan su amor en la madrugada, rompen un cuadro, alguna obra, y se ven obligados a suplantarlas, primero por restauraciones y luego por falsificaciones que terminan siendo tan buenas como las originales, sin sacar ningún rédito económico, si no sólo por mantener su amor.
Te cuento esto para distraerme, pero es imposible...miro el vaso y estoy tentado de tirarlo. Sé que va a caer al piso... ¿pero si se fuera hacia el techo?
Todo es inútil. Presiento que no hay forma de olvidar, quisiera, pero no puedo. Uno ha tenido un gran amor y algunos amoríos. Creo, lamentablemente para mí, que ese amor has sido vos...y aún hoy, tal vez, esa idea persista. Reflexiono y me reprocho no haber hecho las cosas bien...nunca he sido un hombre completo, sólo un niño caprichoso y ahora pago el precio.
Te dejo, mi bien, en la distante Europa, envidiando las manos que te abrazan, deseando ser yo, aunque sea una vez, el destinatario de ese pensamiento de extrañar y de amor.
Yo seguiré aquí, tomando whisky, fumando, escuchando "My way" y esperando que el milagro suceda y que por algún error la ley de gravedad, por una sola vez en nuestras vidas, deje de ser ley.
jueves, septiembre 24, 2009
CÓMO LEVANTAR MINAS
Música con cornetas
N.S.N. Presenta su más ponderado éxito:
(Placa que gira a toda velocidad)
“Cómo levantar minas”
(Plano a la tribuna enajenada integrada por hombres de más de 30 años, muy parecida a la vieja tribuna de “Polémica en el Fútbol”).
Locutor: Señoras, señores, ¡qué éxito! Otra vez el programa del hombre argentino que busca ser un ganador, otra vez el programa que usted espera. Con ustedes, el Dean Martin de Buenos Aires, el duque de la seducción, el barón de Montmartre . Con ustedes, Emeeee Deeeee.
(Explosiones de humo)
MD: Sí, sí, sí. ¡Qué noche! Bienvenidos a otra edición de...
Tribuna: ¡Cómo Levantar Minas! (aplauden a rabiar)
MD: Sí, señor. Y qué programa tenemos hoy. ¿Cómo anda esa tribuna? Mirá esas caras. Ahí veo gente que se dice a sí misma “¿puedo yo, que pierdo todo el tiempo, seducir a la mujer más linda?” Y claro que puede, porque cualquiera puede ser un tipo muy, muy ganador, ¿y cómo hace Luisito?
Locutor: Fácil, hay que enviar la palabra “Levante” al 70/30 y va a recibir los mejores tips de seducción.
MD: Sí, y son infalibles. Yo mismo los supervisé y aprobé y con esos consejos vos también podés ganar a la chica de tus sueños. Vamos a ver el tape.
(Se ve una chica muy sexy semidesnuda y acostada en un sillón)
Chica sexy: ¿Harto de comer lo mismo todos los días? Mandá levante al 70/30 y llevate los trucos para que yo, esté con vos.
(Fin de tape. Vuelve al piso)
MD: El 70 es mío y el 30 de la compañía de teléfono. Muy bien, vamos a recibir al mejor amigo de este programa, el copiloto de este auto de fórmula 1. Un aplauso para el mejor, ¡un aplauso para Cherquis!
(Explosiones. Entra Cherquis. La tribuna canta en coro “Cherquis, Cherquis”)
MD: ¿Cómo estás Cherquis querido?
Cherquis: Muy bien, gracias.
MD: Cherquis, hoy hablábamos en producción de este sicofanta que ha aparecido últimamente en los medios y que se dice el gurú de la seducción, ¿qué le decimos a este pibe?
Cherquis: Que es un farsante.
MD: (indignado) ¡Sí señor! Y a vos te hablo, imbécil, que no sé ni cómo te llamás; te falta mucha sopa para vender libros y DVD´s con este tema, así que tomate el olivo ya.
Cherquis: Porque es un tema muy serio.
MD: (más tranquilo) ¿Sabés qué pasa? Acá se creen que esto es soplar y hacer botellas. Es mucho más que un tema serio: hay que estudiar mucho, hay que probar métodos científicos, hay que tener personalidad. Parece un negocio grande, pero no hay lugar para todos, esto es para pocos.
Así que ya saben, si quieren perder llámenlo a él, si quieren ganar, sigan con nosotros.
Cherquis, estuviste viendo los partidos de la selección, ¿no?
Cherquis: Sí, lamentablemente la selección no está bien.
Alguien del público: ¡Maradona no sabe nada! ¿Qué equipo armó? ¡Que lo llame a Riquelme!
Otro del público: ¿¡Qué Riquelme ni Riquelme!? ¡Se tienen que ir todos! Riquelme es lento, papá. Hay que poner a un enganche de verdad, y un técnico que sepa algo, ¿Maradona qué ganó?
MD: Bueno, bueno. Se armó el debate. Y está bien, porque el fútbol está relacionado con las mujeres. Porque las chicas entienden tanto de fútbol como de cultura de vietnamita...
(Se arma una especie de revuelo detrás de cámara, no se entiende bien lo que pasa. Desconcierto en el estudio)
MD: ¿Qué pasa?
Cherquis: Hay alguien que grita, eh.
MD: (Haciendo un gesto como si estuviera por sacar un arma de adentro del saco) ¿¡Qué es lo que está pasando!?
(Se escucha la voz de una mujer cada vez más alto. La chica irrumpe en cámara.)
Mujer: (a los gritos) ...¿Y sabés qué? Primero que renuncio.
MD: (Sin entender nada) ¿Quién es esta loca?
Mujer: Soy tu productora, estúpido. (La chica intenta pegarle un cachetazo. Cherquis intercede)
Cherquis: ¡Pará! ¡Pará!
MD: (Ignorándola) ¿Alguien puede sacar a esta enferma del piso?
Mujer: ¡Enferma tu mamá! ¡Estoy harta de este programa misógino y discriminador!
MD: A ver, maquillaje por favor.
Mujer: (sacada) ¡No! A mí me vas a escuchar. ¡Yo no puedo seguir trabajando en un programa así, donde se menosprecia a la mujer de tal manera!
Cherquis: Me parece que estás un poco nerviosa...
Mujer: ¡Vos callate, títere de este otro, que te usa como quiere.
MD: Mirá, chiquita. Yo no sé ni quién sos.
Mujer: (Fuera de sí) ¡¡¡Cómo no vas a saber quién soy!!! Soy productora de este programa de enfermos y degenerados.
MD: (muy distante y superado) Mucha gente trabaja acá, no conozco a todos los productores.
Mujer: ¡Vos sos un enfermo! ¿Y sabés qué? Yo puedo jugar al fútbol de 9 y soy Licenciada en Historia y Cultura Vietnamita...
MD: Bueh...
Mujer: (Lo ataca, intenta arañarlo, gente de la tribuna la ataja) ¡Te voy a matar!
MD: Saquen a esta loca de acá, por favor. Y te voy a decir: las mujeres que juegan bien al fútbol son lesbianas. No hay nada menos femenino que ver una mina jugar bien. Las lindas y heterosexuales corren todas detrás de la pelota y patean como pueden. Las fuleras se quedan en posición.
Mujer: (Se la van llevando) ¡Machista! ¡Se puede ser linda y jugar bien!
MD: Sí, sí. Lo quiero ver a eso. Para lindas, las de hockey
Mujer: ¡Esas son unas chetas reventadas!
MD: (Hastiado) Bueh, ya está. Andá a estudiar a Vietnam
(Se escucha que la productora grita, pero la sacan del estudio).
MD: Bueno, amigos. Estas cosas pasan cuando uno hace televisión en vivo, y mucho más cuando es grabado, como este programa. Y lo podríamos editar, pero le voy a pedir al director que deje todo esto que pasó, para que el público, todo este hermoso público que nos acompaña desde la Argentina, Chile, Perú, Paraguay, Venezuela y Miami a través de nuestra repetidora Caracas Amor, y Miami Te Quiero TV, para que se vea en todo el mundo lo que puede llegar a hacer una mujer despechada, porque esta chica seguramente, dentro de su enfermedad mental...evidentemente, pobrecita, es una esquizofrénica...¿y qué le genera esa esquizofrenia? ¡La falta de amor, amigos! ¡La falta de amor! Esta chica, así como la vimos, incluso una chica linda, no lo vamos a negar, que es productora de televisión...dice que trabaja acá, yo no la vi nunca, pero puede ser que trabaje acá, que dice que es Licenciada en cosas vietnamitas...y evidentemente está sola...¿y por qué está sola? Quizás no porque ella quiera, si no porque es medio loquita, independiente, porque las chicas independientes son difíciles y loquitas y se suelen quedar solas, ¿y en qué deriva eso? En la esquizofrenia. La soledad lleva a eso. ¿Y cómo se evita? Fácil, con un hombre galante que la lleve de la mano y la calme. (Va levantando la voz) Porque el amor es lo que te cura de todas las porquerías que te van pasando en la vida. ¿Y cómo se hace? Aprendiendo, loco. Aprendiendo a llegar hasta a una mujer y hacerla que te quiera. Basta de giladas, aprendan a amar, viejo.
(La tribuna aplaude. Cherquis está emocionado)
Cherquis: Qué lindas palabras.
MD: Gracias, querido. Cómo cuesta el amor, carajo. Vamos a un ver un informe así nos reponemos y ya estamos de vuelta.
(Tape. Se ve a un señor parecido a Bartolomé Mitre. Se lo ve paseando en una plaza, hamacándose, comiendo un pancho, cruzando la avenida Las Heras).
Hombre: (con voz nasal) Yo soy Alberto. La gente me dice Mitre, más que nada porque me parezco a Mitre, ¿no? En la oficina, los amigos, Mitre de acá, Mitre de allá, y bueno, quedó Mitre. Me dicen así. Yo soy un hombre solo, no sé si es porque soy un poco adicto al trabajo...trabajo en una oficina...acá tengo mi sello, porque si no, viste cómo son, “vamos a hacerle una broma a Mitre, saquémosle el sello”. Ya me tuve que hacer seis con esa gastada. Pero bueno, la cosa es que estoy buscando una novia desde hace mucho...quince años. Mucho éxito no tengo, más que nada porque las chicas de ahora quieren un amor furtivo. Yo no sé bien por qué no puedo lograr una conquista. Tuve una novia por carta, en 1993, pero ella estaba en Córdoba. No sé bien qué pasó porque un día le dije “¿qué te parece si nos vemos?” y no me escribió nunca más. Y ahora yo voy cada tanto a los bares...after office que le dicen mis compañeros, y ellos me arengan, ¿no? Me dicen “dale, Mitre, la rubia esa está con vos”. Pero no está conmigo. Y ellos se ríen. Son cargosos, ¿no? Ellos se divierten así, pero bueno, yo quería saber si me pueden ayudar con este programa, porque yo los veo siempre, y vi que han resuelto casos muy difíciles, y el mío es quizás más de ansiedad que otra cosa.
(Vuelve al piso)
MD: Qué caso difícil, eh. ¿Cómo lo ves Cherquis?
Cherquis: Yo lo veo muy decaído al muchacho.
MD: Sí, le falta un poquito de ánimo. Y vamos a darle un fuerte aplauso, ya que está con nosotros. Pasá Mitre.
(Entra Alberto un poco tímido. Hay una explosión de humo y el tipo se asusta y se queda quieto. Lleva puesto un traje verde de 1977, muy ajustado)
MD: Pasá querido, no te asustes; es un efecto de Trentuno.
Mitre: Sí, pasa que yo soy un poco...no estoy acostumbrado al las cámaras.
MD: Sentate...¿cómo es tu nombre?
Mitre: Alberto.
MD: Pero te dicen Mitre.
Mitre: Sí, sí. Más que nada porque me parezco un poco, ¿no?
MD: ¿Te podemos decir Mitre?
Mitre: Sí, sí. Los muchachos del trabajo me dicen así
(La tribuna aplaude y canta “Mitre, Mitre”)
Mitre: Gracias, gracias.
MD: Hemos visto tu caso. Realmente es muy conmovedor. Todo el tiempo están llegando cartas al programa con casos como el tuyo. Nos piden desesperadamente ayuda, gente que está muy mal, como vos. ¿Y vos cómo te ves?
Mitre: Bueno, yo creo que...no sé bien qué pasa. Me parece que las chicas tienen miedo al compromiso y por eso me esquivan. Porque yo soy más un hombre de su casa, ojo, cada tanto voy a bailar...ya no tanto, antes iba mucho a Zodiaco, pero bueno, yo le pongo ganas, y las chicas...me parece que es eso, no quieren enamorarse, le tienen miedo al amor.
MD: (asintiendo) Le tienen miedo al amor. Qué gran verdad. Y usted que está viendo este caso y se siente identificado, que mira y dice “a mí me pasa lo mismo” porque todos somos un poco Mitre. ¿Y qué hacemos? ¿Qué hace un ganador? ¡Le saca el miedo a la mina a la fuerza! (Se enerva) ¡Porque a las mujeres les gusta que las achiquen! Vienen por alta y hay que bajarlas. ¡Aman que les pongan límites! Todas buscan que les digan lo que tienen que hacer. ¡Quieren un carcelero que cada tanto les suelte la cadena!
(La tribuna aplaude a rabiar)
Mitre: ¡Es cierto!
Cherquis: Sí, es muy cierto.
MD: Y esto lo vamos a demostrar. Claudia, por favor.
(Entra una chica muy linda. La tribuna silba extasiada).
Cherquis: ¡Mamita querida!
MD: Acá tenemos a una típica chica de discoteca. Acercate Mitre.
Mitre: Pero me da un poco de miedo.
MD: ¿Qué miedo ni miedo? ¡Ataque!
Mitre: Bueno... (tartamudea) Yo soy Alberto, ¿y vos?
Claudia: Claudita.
Mitre: Ah...yo...o sea, yo estaba acá y quería saber tu nombre.
MD: ¡No! ¡No!. ¡Pésimo! Observá. Qué tal nena, ¿vos sos Claudia?
Claudia: Ajá.
MD: Muy bien. Oíme, porque yo hablo una sola vez. Te amo, ¿lo entendés? Es cierto que te puede desconcertar, pero no tenés que tenerle miedo al amor, no te reprimás más, nena. Naciste para que te ame.
Claudia: Qué seductor.
MD: Vamos, que quiero amarte, y estar un poco loco.
(La tribuna aplaude)
Mitre: Es muy bueno, es muy bueno.
MD: ¿Entendiste?
Mitre: Sí, capaz a mí me falta un poco de smowing con eso.
MD: No te falta nada, querido. Ya aprendiste. Andá con el señor, Claudita. ¡Un aplauso para Mitre, que se convirtió en un ganador!
Tribuna: ¡Mitre! ¡Mitre!
MD: Chau, Bartolo. Qué grande. Bueno, qué tarde se hizo. Se nos fue el programa. Cherquis, acercate que nos vamos. ¿Cómo lo pasaste?
Cherquis: Estoy muy emocionado.
MD: Sí, da alegría ver que las cosas funcionan; que alguien que está triste se puede mejorar un poco. Amigos, esto fue todo. No dejen de ganar. Nos vemos en el próximo programa de...
Tribiuna: ¡Cómo levantar minas!
(Explosión de humo. Títulos finales. Fin)
N.S.N. Presenta su más ponderado éxito:
(Placa que gira a toda velocidad)
“Cómo levantar minas”
(Plano a la tribuna enajenada integrada por hombres de más de 30 años, muy parecida a la vieja tribuna de “Polémica en el Fútbol”).
Locutor: Señoras, señores, ¡qué éxito! Otra vez el programa del hombre argentino que busca ser un ganador, otra vez el programa que usted espera. Con ustedes, el Dean Martin de Buenos Aires, el duque de la seducción, el barón de Montmartre . Con ustedes, Emeeee Deeeee.
(Explosiones de humo)
MD: Sí, sí, sí. ¡Qué noche! Bienvenidos a otra edición de...
Tribuna: ¡Cómo Levantar Minas! (aplauden a rabiar)
MD: Sí, señor. Y qué programa tenemos hoy. ¿Cómo anda esa tribuna? Mirá esas caras. Ahí veo gente que se dice a sí misma “¿puedo yo, que pierdo todo el tiempo, seducir a la mujer más linda?” Y claro que puede, porque cualquiera puede ser un tipo muy, muy ganador, ¿y cómo hace Luisito?
Locutor: Fácil, hay que enviar la palabra “Levante” al 70/30 y va a recibir los mejores tips de seducción.
MD: Sí, y son infalibles. Yo mismo los supervisé y aprobé y con esos consejos vos también podés ganar a la chica de tus sueños. Vamos a ver el tape.
(Se ve una chica muy sexy semidesnuda y acostada en un sillón)
Chica sexy: ¿Harto de comer lo mismo todos los días? Mandá levante al 70/30 y llevate los trucos para que yo, esté con vos.
(Fin de tape. Vuelve al piso)
MD: El 70 es mío y el 30 de la compañía de teléfono. Muy bien, vamos a recibir al mejor amigo de este programa, el copiloto de este auto de fórmula 1. Un aplauso para el mejor, ¡un aplauso para Cherquis!
(Explosiones. Entra Cherquis. La tribuna canta en coro “Cherquis, Cherquis”)
MD: ¿Cómo estás Cherquis querido?
Cherquis: Muy bien, gracias.
MD: Cherquis, hoy hablábamos en producción de este sicofanta que ha aparecido últimamente en los medios y que se dice el gurú de la seducción, ¿qué le decimos a este pibe?
Cherquis: Que es un farsante.
MD: (indignado) ¡Sí señor! Y a vos te hablo, imbécil, que no sé ni cómo te llamás; te falta mucha sopa para vender libros y DVD´s con este tema, así que tomate el olivo ya.
Cherquis: Porque es un tema muy serio.
MD: (más tranquilo) ¿Sabés qué pasa? Acá se creen que esto es soplar y hacer botellas. Es mucho más que un tema serio: hay que estudiar mucho, hay que probar métodos científicos, hay que tener personalidad. Parece un negocio grande, pero no hay lugar para todos, esto es para pocos.
Así que ya saben, si quieren perder llámenlo a él, si quieren ganar, sigan con nosotros.
Cherquis, estuviste viendo los partidos de la selección, ¿no?
Cherquis: Sí, lamentablemente la selección no está bien.
Alguien del público: ¡Maradona no sabe nada! ¿Qué equipo armó? ¡Que lo llame a Riquelme!
Otro del público: ¿¡Qué Riquelme ni Riquelme!? ¡Se tienen que ir todos! Riquelme es lento, papá. Hay que poner a un enganche de verdad, y un técnico que sepa algo, ¿Maradona qué ganó?
MD: Bueno, bueno. Se armó el debate. Y está bien, porque el fútbol está relacionado con las mujeres. Porque las chicas entienden tanto de fútbol como de cultura de vietnamita...
(Se arma una especie de revuelo detrás de cámara, no se entiende bien lo que pasa. Desconcierto en el estudio)
MD: ¿Qué pasa?
Cherquis: Hay alguien que grita, eh.
MD: (Haciendo un gesto como si estuviera por sacar un arma de adentro del saco) ¿¡Qué es lo que está pasando!?
(Se escucha la voz de una mujer cada vez más alto. La chica irrumpe en cámara.)
Mujer: (a los gritos) ...¿Y sabés qué? Primero que renuncio.
MD: (Sin entender nada) ¿Quién es esta loca?
Mujer: Soy tu productora, estúpido. (La chica intenta pegarle un cachetazo. Cherquis intercede)
Cherquis: ¡Pará! ¡Pará!
MD: (Ignorándola) ¿Alguien puede sacar a esta enferma del piso?
Mujer: ¡Enferma tu mamá! ¡Estoy harta de este programa misógino y discriminador!
MD: A ver, maquillaje por favor.
Mujer: (sacada) ¡No! A mí me vas a escuchar. ¡Yo no puedo seguir trabajando en un programa así, donde se menosprecia a la mujer de tal manera!
Cherquis: Me parece que estás un poco nerviosa...
Mujer: ¡Vos callate, títere de este otro, que te usa como quiere.
MD: Mirá, chiquita. Yo no sé ni quién sos.
Mujer: (Fuera de sí) ¡¡¡Cómo no vas a saber quién soy!!! Soy productora de este programa de enfermos y degenerados.
MD: (muy distante y superado) Mucha gente trabaja acá, no conozco a todos los productores.
Mujer: ¡Vos sos un enfermo! ¿Y sabés qué? Yo puedo jugar al fútbol de 9 y soy Licenciada en Historia y Cultura Vietnamita...
MD: Bueh...
Mujer: (Lo ataca, intenta arañarlo, gente de la tribuna la ataja) ¡Te voy a matar!
MD: Saquen a esta loca de acá, por favor. Y te voy a decir: las mujeres que juegan bien al fútbol son lesbianas. No hay nada menos femenino que ver una mina jugar bien. Las lindas y heterosexuales corren todas detrás de la pelota y patean como pueden. Las fuleras se quedan en posición.
Mujer: (Se la van llevando) ¡Machista! ¡Se puede ser linda y jugar bien!
MD: Sí, sí. Lo quiero ver a eso. Para lindas, las de hockey
Mujer: ¡Esas son unas chetas reventadas!
MD: (Hastiado) Bueh, ya está. Andá a estudiar a Vietnam
(Se escucha que la productora grita, pero la sacan del estudio).
MD: Bueno, amigos. Estas cosas pasan cuando uno hace televisión en vivo, y mucho más cuando es grabado, como este programa. Y lo podríamos editar, pero le voy a pedir al director que deje todo esto que pasó, para que el público, todo este hermoso público que nos acompaña desde la Argentina, Chile, Perú, Paraguay, Venezuela y Miami a través de nuestra repetidora Caracas Amor, y Miami Te Quiero TV, para que se vea en todo el mundo lo que puede llegar a hacer una mujer despechada, porque esta chica seguramente, dentro de su enfermedad mental...evidentemente, pobrecita, es una esquizofrénica...¿y qué le genera esa esquizofrenia? ¡La falta de amor, amigos! ¡La falta de amor! Esta chica, así como la vimos, incluso una chica linda, no lo vamos a negar, que es productora de televisión...dice que trabaja acá, yo no la vi nunca, pero puede ser que trabaje acá, que dice que es Licenciada en cosas vietnamitas...y evidentemente está sola...¿y por qué está sola? Quizás no porque ella quiera, si no porque es medio loquita, independiente, porque las chicas independientes son difíciles y loquitas y se suelen quedar solas, ¿y en qué deriva eso? En la esquizofrenia. La soledad lleva a eso. ¿Y cómo se evita? Fácil, con un hombre galante que la lleve de la mano y la calme. (Va levantando la voz) Porque el amor es lo que te cura de todas las porquerías que te van pasando en la vida. ¿Y cómo se hace? Aprendiendo, loco. Aprendiendo a llegar hasta a una mujer y hacerla que te quiera. Basta de giladas, aprendan a amar, viejo.
(La tribuna aplaude. Cherquis está emocionado)
Cherquis: Qué lindas palabras.
MD: Gracias, querido. Cómo cuesta el amor, carajo. Vamos a un ver un informe así nos reponemos y ya estamos de vuelta.
(Tape. Se ve a un señor parecido a Bartolomé Mitre. Se lo ve paseando en una plaza, hamacándose, comiendo un pancho, cruzando la avenida Las Heras).
Hombre: (con voz nasal) Yo soy Alberto. La gente me dice Mitre, más que nada porque me parezco a Mitre, ¿no? En la oficina, los amigos, Mitre de acá, Mitre de allá, y bueno, quedó Mitre. Me dicen así. Yo soy un hombre solo, no sé si es porque soy un poco adicto al trabajo...trabajo en una oficina...acá tengo mi sello, porque si no, viste cómo son, “vamos a hacerle una broma a Mitre, saquémosle el sello”. Ya me tuve que hacer seis con esa gastada. Pero bueno, la cosa es que estoy buscando una novia desde hace mucho...quince años. Mucho éxito no tengo, más que nada porque las chicas de ahora quieren un amor furtivo. Yo no sé bien por qué no puedo lograr una conquista. Tuve una novia por carta, en 1993, pero ella estaba en Córdoba. No sé bien qué pasó porque un día le dije “¿qué te parece si nos vemos?” y no me escribió nunca más. Y ahora yo voy cada tanto a los bares...after office que le dicen mis compañeros, y ellos me arengan, ¿no? Me dicen “dale, Mitre, la rubia esa está con vos”. Pero no está conmigo. Y ellos se ríen. Son cargosos, ¿no? Ellos se divierten así, pero bueno, yo quería saber si me pueden ayudar con este programa, porque yo los veo siempre, y vi que han resuelto casos muy difíciles, y el mío es quizás más de ansiedad que otra cosa.
(Vuelve al piso)
MD: Qué caso difícil, eh. ¿Cómo lo ves Cherquis?
Cherquis: Yo lo veo muy decaído al muchacho.
MD: Sí, le falta un poquito de ánimo. Y vamos a darle un fuerte aplauso, ya que está con nosotros. Pasá Mitre.
(Entra Alberto un poco tímido. Hay una explosión de humo y el tipo se asusta y se queda quieto. Lleva puesto un traje verde de 1977, muy ajustado)
MD: Pasá querido, no te asustes; es un efecto de Trentuno.
Mitre: Sí, pasa que yo soy un poco...no estoy acostumbrado al las cámaras.
MD: Sentate...¿cómo es tu nombre?
Mitre: Alberto.
MD: Pero te dicen Mitre.
Mitre: Sí, sí. Más que nada porque me parezco un poco, ¿no?
MD: ¿Te podemos decir Mitre?
Mitre: Sí, sí. Los muchachos del trabajo me dicen así
(La tribuna aplaude y canta “Mitre, Mitre”)
Mitre: Gracias, gracias.
MD: Hemos visto tu caso. Realmente es muy conmovedor. Todo el tiempo están llegando cartas al programa con casos como el tuyo. Nos piden desesperadamente ayuda, gente que está muy mal, como vos. ¿Y vos cómo te ves?
Mitre: Bueno, yo creo que...no sé bien qué pasa. Me parece que las chicas tienen miedo al compromiso y por eso me esquivan. Porque yo soy más un hombre de su casa, ojo, cada tanto voy a bailar...ya no tanto, antes iba mucho a Zodiaco, pero bueno, yo le pongo ganas, y las chicas...me parece que es eso, no quieren enamorarse, le tienen miedo al amor.
MD: (asintiendo) Le tienen miedo al amor. Qué gran verdad. Y usted que está viendo este caso y se siente identificado, que mira y dice “a mí me pasa lo mismo” porque todos somos un poco Mitre. ¿Y qué hacemos? ¿Qué hace un ganador? ¡Le saca el miedo a la mina a la fuerza! (Se enerva) ¡Porque a las mujeres les gusta que las achiquen! Vienen por alta y hay que bajarlas. ¡Aman que les pongan límites! Todas buscan que les digan lo que tienen que hacer. ¡Quieren un carcelero que cada tanto les suelte la cadena!
(La tribuna aplaude a rabiar)
Mitre: ¡Es cierto!
Cherquis: Sí, es muy cierto.
MD: Y esto lo vamos a demostrar. Claudia, por favor.
(Entra una chica muy linda. La tribuna silba extasiada).
Cherquis: ¡Mamita querida!
MD: Acá tenemos a una típica chica de discoteca. Acercate Mitre.
Mitre: Pero me da un poco de miedo.
MD: ¿Qué miedo ni miedo? ¡Ataque!
Mitre: Bueno... (tartamudea) Yo soy Alberto, ¿y vos?
Claudia: Claudita.
Mitre: Ah...yo...o sea, yo estaba acá y quería saber tu nombre.
MD: ¡No! ¡No!. ¡Pésimo! Observá. Qué tal nena, ¿vos sos Claudia?
Claudia: Ajá.
MD: Muy bien. Oíme, porque yo hablo una sola vez. Te amo, ¿lo entendés? Es cierto que te puede desconcertar, pero no tenés que tenerle miedo al amor, no te reprimás más, nena. Naciste para que te ame.
Claudia: Qué seductor.
MD: Vamos, que quiero amarte, y estar un poco loco.
(La tribuna aplaude)
Mitre: Es muy bueno, es muy bueno.
MD: ¿Entendiste?
Mitre: Sí, capaz a mí me falta un poco de smowing con eso.
MD: No te falta nada, querido. Ya aprendiste. Andá con el señor, Claudita. ¡Un aplauso para Mitre, que se convirtió en un ganador!
Tribuna: ¡Mitre! ¡Mitre!
MD: Chau, Bartolo. Qué grande. Bueno, qué tarde se hizo. Se nos fue el programa. Cherquis, acercate que nos vamos. ¿Cómo lo pasaste?
Cherquis: Estoy muy emocionado.
MD: Sí, da alegría ver que las cosas funcionan; que alguien que está triste se puede mejorar un poco. Amigos, esto fue todo. No dejen de ganar. Nos vemos en el próximo programa de...
Tribiuna: ¡Cómo levantar minas!
(Explosión de humo. Títulos finales. Fin)
lunes, septiembre 21, 2009
UN PETER SELLERAZO
Miren, una muy buena selección de los films de La Pantera Rosa, (una excusa más, para pasar un video de este extraordinario actor: Peter Sellers)
Son diez minutos que, si los tienen para relajarse y verlo, se van a divertir muchísimo.
Son diez minutos que, si los tienen para relajarse y verlo, se van a divertir muchísimo.
sábado, septiembre 19, 2009
UNA CITA
Una bola de billar, que empuja a otra bola, un lebrel, que persigue voluntaria y necesariamente a un venado, ese venado, que franquea un dilatado foso con igual voluntad y necesidad, no obran de un modo más predestinado que yo, en cada uno de mis actos.
VOLTAIRE: Le Principie D´Action, capítulo 13.
VOLTAIRE: Le Principie D´Action, capítulo 13.
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